
Las cosas de la mente y el corazón tienen mucho en común, pero divulgan poco al sentido común y a la lógica, porque el magnetismo de tu mirada me atrae, me seduce y me atrapa, y llega el momento en que me prendo a tí, y no quiero dejarte ir, quiero sentirte en mi boca, y en mi cuerpo, que mis manos se llenen de tu figura, que mis besos encuentren un fin, que deseo fundirme a tí, gastar mis energías en un momento de fuego y ardor, de llama y espontaneidad, de querer sentirme dentro de tí, buscando la forma de hacerlo. En mis más locos sueños te poseo, como si tanta energía hubiese estado reprimida muchísimo tiempo, y quisiera que ahora se volcara, sintiendo todo tu calor interior, absorbiéndome, mimándome, rugiéndome, reclamándome, desesperada por tenerme, gritándome que me ama, porque mi cuerpo así lo siente, y es esa imperiosa necesidad de verte nuevamente susurrando, y gimiendo, amándome sin ataduras, solo con la informe figura de un corazón, sin deseo de explicar los "por qués" o los "cuándos", solo viviendo para amar.
