Luna de octubre
¿Cuál es la insistencia de buscarle a todo un nombre, una forma, una explicación…? el otoño es otoño sin tener que sondearlo, aunque todos sabemos lo que anuncia y los colores de que se reviste; el mar es agua y movimiento, no hace falta profundizar en eso, lo vemos y lo sentimos y con eso debe bastar…Las historias de amor deben ser así, sin tener que explicar todo en cada momento, mejor vivir cada momento en un todo; quizás sea la naturaleza de la vida, pero creo con toda mi razón que la vida es esencia antes que materia, subjetividad antes que objetividad… y con esa idea en mente, quiero relatar esta crónica…
Ahora que los días comienzan a hacerse fríos, y gruesos nubarrones tienden su opresividad sobre la Ciudad, poca gente se atreve a elevarse por sobre ellos, así pues, en lo concerniente a ella y a mí, la noche tendió su dominio, ni obscuro manto como las pupilas de Peke, sino obscuro océano atenuado por una casi luna llena, suavidad, sí, esa es la palabra, porque en un momento y lugares, y sobre todo con la persona afín, solo así puede describirse ese embeleso, pero no la suavidad del sueño, sino la suavidad de los sentidos…
La plática de la tarde dejo entornados los pensamientos como para que al caer la noche siguiéramos una conversación de mayor intimidad, y claro, eso pasó: la trivialidad de las palabras daba poca dimensión a cuanto ellas expresaban, podíamos hablar de un amor apasionado en mil contextos, pero si sentía el solo roce de su mano en mi cabello, y mi mirada al encuentro de sus tiernos ojos eso era mucho más demostrativo que el torrente de dichas palabras; Así pues, llegamos a su casa, salimos y cenamos algo, y ya de regreso nos tendimos al sofá, solo me deshice de los zapatos y las calcetas, Peke se puso ropa cómoda, y así dispuestos estuvimos viendo la tele. Yo no veía la hora en que se apagara la luz, de que sus ropas cayeran al ritmo de las mías, de que nuestros cuerpos se estrechasen con ese febril deseo característico en los enamorados; el tiempo paso lentamente, luego de unas horas llegó el ansiado momento, nos quedamos solos con en el mutismo de la noche, apenas acompañado por unos cuantos chirridos de los autos de la Avenida.
Todo comenzó con una sesión de caricias, delicadas y deliciosas, seguidas de besos profundos y apasionados, donde las manos corrían por todo el cuerpo, así seguimos por mucho tiempo con una sola filosofía: la filosofía de lo que es sabido sin saberse. Nuestros cuerpos se buscaban y se apretujaban, mis manos comenzaron a clavarse en sus glúteos y también a acariciarlos, mi lengua se humedecía en demasía, y así iba a posarla sobre su cuello y pecho; ambos nos recostamos y pudimos descansar un poco, aprovechando ese descanso para mirar caer las ropas y contemplarnos desnudos, poco a poco fuimos tocándonos, ahora hablándonos en lenguaje romántico, ahora hablándonos en lenguaje fuerte, llegó el momento en que mi pene estaba ardiendo, pidiendo introducirse en esa suave cavidad, no quise esperar más y así lo introduje, nos abrazamos y comencé a formar ondas en ella, mis manos rasguñaban su espalda, y mi boca mordía lentamente sus senos, fui moviéndome dentro de ella: despacio en un inicio y rápido en los instantes siguientes; cambiamos de posturas y seguimos moviéndonos con ritmo, cada vez más rápido que los cuerpos comenzaban a agotarse y a llenarse de sudor, pero eso no importo, lo importante era lo que sentíamos, el fuego que se producía y la sensación de calor que llenaba la habitación, y lo hermoso llegó al momento en que ambos terminamos al mismo tiempo, la liberación de esa opresión que abraza el vientre y estomago; y ahí estábamos juntos, listos para abrazarnos y sentirnos cerca aún después del climax; con los cuerpos húmedos, sin género de pudor o repudio, abrazados y mirándonos, esperando la llegada del sol, porque estuvimos en ese juego de amor toda la noche...
Quien haya podido desgranar los minutos segundo a segundo, puede considerarse un sabio, en nosotros, el tiempo parece un respiro, profundo, dulce, sin palabras, fugaz, algo único a lo que llamamos etéreo, dos cuerpos diluyéndose en un solo idilio, entregados en caricias, pensamientos y momento...
Us astro brillaba en la ventana, quise creer que era Venus, que así bendecía nuestra entrega, junto a esa luna de octubre.

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