Septiembre

La gente dice que septiembre es un mes agrio, con falta de carácter y disposición para las cosas que uno planea: aunque falta poco para la navidad no se ven cumplidos los propósitos de año nuevo (ni en una mediana proporción), es el inicio del ciclo escolar para muchos..., lluvias equinocciales, y sobre todo (en el fondo creo que esta es la causa principal de esta mala cara al mes) porque marca el fin del verano y el inicio del otoño...
En mi caso, septiembre ha sido algo único, un conjunto de muchas cosas donde persiste un tinte rosado; y por ello, no demoraré en hablar...
Hubiera deseado comenzar este relato dicendo algo de un clima tormentoso, para poner la piel en afinidad al relato ardiente que daré, no obstante, no lo disfrazaré, que de lo que se trata es de sentirlo en su viva y auténtica expresión, y no como una de esas aventuras contadas por escritores que reciben un salario por "sobre-exaltar" una vivencia... esto es real, y lo que es mejor aún, excitante...
Inicio diciendo que era una mañana clara, soleada pero con un aire fresco proveniente de alguna parte del Golfo, por las tormentas que se han anunciado supongo (NOTA: Siempre ha sido tentador iniciar una crónica de esta manera ;-). Llegué con Peke, toqué y abrió la puerta, contrario a lo que esperaba, no estaba en pantalón, sino en una diminuta falta, y una blusa blanca de tirantes algodonados. La bienvenida no se hizo esperar, y mientras avanzamos por el pasillo, su andar cadencioso me mecía como en una nube (quizás era el efecto del algodón de la blusa que ya he descrito), o era quizás el aroma de su piel que llegaba hasta mí a través de esas escaleras y pasillos casi interminables.
Cuando entramos al departamento y la puerta se cerró sentí unos golpecitos en el pecho, y mis manos se hicieron frías, no veía la hora de estrecharla hacia mí...
La plática discurrió (ahora no tiene verdadera importancia decir de que hablamos), y poco a poco nuestros cuerpos iban juntándose, cada vez más cerca y más cerca, me descubrí humedeciendo mi boca pese al breve beso que nos habíamos dado a la recepción, en poco tiempo mis labios ya estaban besando su cuello, y mis manos acariciando su rostro y cabello, su boca fue lo segundo en que se posara mi boca, y ahí no pude detenerme... eso no quiere decir que me haya avorazado y precipitado.
Luego de besar su cuello, mis manos fueron poseidas por el instinto, suavemente tomé sus hombros y comencé a descorrer sus tirantes, uno primero, mi lengua fue deslizándose sobre el frente, y así fuera a dar hacia ese suave y lechoso seno, la boca, antes casi seca, ahora era un sobrio manantial, un sueño húmedo que comenzaba a crearse en la realidad, mi otra mano comenzó a hacer lo mismo, a descorrer el tirante del otro extremo, sentía como ella comenzaba a estremecerse, y con sus manos a buscarme, no importaba si era mi espalda lo que tocaba o mi pecho, o mi cara, el tacto era delicioso; nos abrazamos y seguimos con la sesión de besos, a los senos se habían sumado los hombros, cuello, espalda, manos... ninguno escapó a mis besos, esa situación hizo que nos movieramos de lugar, ahora ya estabamos en la recámara, sobre la cama podía posar mi cuerpo sobre ella, cada miembro y cada parte del cuerpo encontraba su igual en ella, el minibikini dejaba ver unas piernas por demás hermosas, delgadas pero formadas a semejanza de las musas griegas, y el sujetador dejaba ver los pezones aflorados, en poco tiempo sobraron estas observaciones discrecionales, porque comencé a dejar mi ropa en el suelo, los tenis, las calcetas, la camisa, el pantalón... quienes han llegado a este momento comprenderán de lo que hablo, el ver a la otra persona en el momento de la entrega no es motivo de pesadumbre idílica, es un total y completo onirismo (sueño) acompañado de deseo, o mejor dicho, de una corriente embravecida que se lleva todo del cuerpo, que lo purifica y lo hace listo para tal entrega, para la ablución... es seguro que ella pensó lo mismo que yo, aunque en ese momento no hay palabras que descifren el sentimiento que se tiene, en un abrir y cerrar de ojos estabamos juntos, sincronizando los latidos del corazón en abrazos de todas formas, sentía el roce de sus senos en mi pecho, y el fuego creador que llevaban, pude no solo verlos, sino también probarlos y excitarme en ellos, lentamente, deseoso de perpetuar y hacer eterno el momento, nuestras piernas se enredron, y fue ahora el calor de la vagina el que pululaba en mi pene aún cubierto por el boxer, quería descubrirme en totalidad, ser uno en cuerpo y alma y así entregarme, sentía cada caricia por ella hecha, cada beso era un principio y un fin y un comenzar y un terminar, y un nuevo comenzar, sin querer nunca terminar.
Los besos y las caricias se tornaron en el aderezo, poco a poco nuestros cuerpos (ya en mayor confianza) comenzaron a buscarse, mi pene estaba mojado, no estaba excitado aún, pero si presto para iniciar ese ritual, comencé a tocar con mis dedos su vagina bajo el mini boxer, quería sentir la humedad, el desbordamiento, la suavidad y las frondosas cavidades; podría decirse que el calor se sentía a metros de ahí, nos despojamos de todo, era menester unir ambos polos y hacer una sola carga positiva, comencé a moverme sobre ella, mi pene comenzó a mojarse aún más en ese líquido cristalino y resbaladizo, comenzó a hacerse duro, sentía cómo su vientre era fuego en mi estómago, y mi boca como una brasa sobre su cuerpo buscando apagarse, las caricias se sucedieron en todas partes y en todo tipo de formas, los abrazos forzaban al aliento a salir en forma de vapor ardiente, quemando la piel, el sudor recorría las espaldas de ambos, y las uñas marcaban el camino que debía seguir. Entre los largos y profundos besos llegó el momento en que mi pene comenzó a introducirse, lentamente, sin brusquedades, todo lo contrario, con suma cautela, nuestros ojos se veían ocasionalmente, algunos gemidos se escapaban haciendo que mi piel se enchinara, mi pene comenzaba a moverse y a deslizarse... a latir, cada vez más rápido aunque con ritmo, no había prisa, había que hacer el momento dulce y deleitable, podía sentir mis pies fríos al suelo mientras imitaba una de esas extrañas formas de estatua hindú, pero también podía sentir el calor (volcán sería más apropiado) que emanaba de nuestros cuerpos, los cuales estaban cada vez más tensos y nervados para encontrarse, sentía la sangre golpenado mis sienes como si de tambores se tratase, y podía sentir el latido de su corazón, y el calor de su boca, tanto se puede sentir en un instante que parece una historia evocada de romance en la cúspide de su manifestación, sentía cómo su cuerpo era bonanza y prodigio, pecado y cielo... mi mente parecía perderse, pero un beso robado la traía de regreso, era como estar en dos lados a la vez, en un edén y en ella, en un solo pensamiento, fundiéndose a cada momento en ese crisol que he dicho era su cuerpo, era buscar y encontrar, mirar y ser mirado, tocar y ser tocado, sentir el amor corporal expresado en la unión, culminado en líquido e iniciado en vapor, consumándose y no disolviéndose...
Es en sí septiembre un mes que no requiere "edulcolorantes", porque septiembre también puede ser un mes de amor, de pasión desbordante y cariño excitante, y porque no, un mes fenomenal...

